Monday, October 23, 2006

Texto de Hembra Ingrata

¿Qué habrá querido decir con que el se acuerda de mi voz cuando minutos antes yo había confesado que no me acordaba de su tonada? ¿Y cuando me tomo de las manos, notablemente emocionado por nuestra despedida, y no me dijo lo que parecía una confesión de enamorado? ¿Acaso iba a pedirme que no me vaya, que deje a la viajera que hay en mí? ¿O pedirme un préstamo?
Al final siempre la jugamos de pelotudas, le buscamos la quinta pata al gato cuando no hay patas ni gato. Al reverendo pedo nos hacen sensibles, solo para los detalles: siestas en punta de pie, la porcelana abrillantada por el sol, el vestido planchado correctamente, la pose de damas sin celo, la cortina deshilachada por el paso de las generaciones pleamares de hembras ingratas, más malas que la yarara.
Y yo nací así, vio, busco en cada mujer ese pedazo roto.
Un anillo ausente, lágrimas grabadas en almohadas, uñas sin pintar, piernas tristes, cualquier detalle me sirve para saber si fue una víctima (del todo o a medias) o no de eso que llaman hombre. Sin querer queriendo me fui haciendo de razones para solventar mi negocio de esto que llamo venganza en cuotas, lo hago con los míos, no con los ajenos. Mientras ella come apaciblemente me doy cuenta que su dedo todavía tiene la prueba irrefutable de su fracaso matrimonial y el, ja, el esta ya en su nuevo nido.
Yo siempre quise más a mis gatos…

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